Sobre las niñas buenas

Mamá ángelCuando las niñas buenas dicen no, algo tiembla y se precipita al borde de sus vestidos almidonados, al fondo de sus vientres sin dueño. Se les caen los sombreros y las horquillas. Pierden los zapatos. Se resquebrajan, con un murmullo, las murallas perfectas de sus prisiones. Las piernas les flaquean como después de haber corrido muy deprisa. El corazón les salta del pecho con furia, desvelado. Les sudan las manos, con ese No vibrando temeroso en la punta de los labios.

Tienen miedo, las niñas buenas, del repudio, la ira o la indiferencia. De todas las amenazas que nadie jamás pronunció y que ellas guardan, bordadas, en los pañuelos de sus ajuares de novia. Tienen miedo del sonido del viento en sus ventanas cuando ya nadie las reclame. Las esperanzas de otros les aguijonean los pulmones; pulmones pequeños a fuerza de no respirar. Se saben en una frontera, y pasada la frontera todo es desconocido. En esa línea imprecisa son capaces de pasar muchas estaciones, serviles aún al borde de su No silenciado, pensando con un placer desconocido en las posibilidades de la negativa. Acuden a poner la mesa y atender a los enfermos, incapaces de renunciar a su difícil privilegio, pero este ya no les proporciona la satisfacción de antaño. El privilegio se convierte, poco a poco, en un cascarón vacío, y por las noches bailan solas por el suelo frío del cuarto, estremecidas de tanto deseo de ser ellas.

Pasado el tiempo suficiente del temor y la duda, cuando los signos son inequívocos y rutilantes -una empieza a lanzar dentelladas al aire cada noche; la otra a dejar caer los platos antes de haberlos servido; una tercera canta todo el día, una cuarta prende fuego al vecindario- las niñas buenas deciden que ya basta. Que no pueden más con la sonrisa. Que ya está bien de sufrir por lo que piensen los padres, los maridos, los jefes, las amigas, los colegas, los clientes, los profesores, los ex-novios, las vecinas, el panadero, los amantes, las abuelas, las hijas, los sobrinos, la Iglesia y el Estado. Ya está bien. Les brota entonces un No del alma como una granada de mano que ellas arrojan con poca puntería, cegadas aún por tantos síes que nunca quisieron dar. El No estalla en el aire con la algarabía de una bandada de estorninos. Vuela los cimientos de ciertos edificios. Espanta a muchos de aquellos a quienes las niñas temían espantar y provoca, en efecto, ira, rechazos y decepciones varias. El mundo nunca vuelve a ser el mismo.

Cuando por fin las niñas buenas dicen No quieren decir que se plantan, que no volverán a ser cómplices de lo que se previó para ellas. Dejan de caminar al son impoluto de su vestido de volantes y comienzan la danza frenética del desconcierto. Dejan de complacer o de querer complacer o de sufrir por no poder complacer, a los maridos y a los padres, a las amigas y a la Iglesia y al Estado. Dejan de estarse quietas y apartadas, obedientes, allí donde no molestan. A partir de ahora saben que van a molestar, y que a veces volverá como un reclamo, cuando aúlle el viento en las ventanas, la culpa de no ser más las niñas buenas que fueron. Porque no todo es fácil en la existencia de quienes dejaron a un lado su único privilegio.

La alegría salvaje de su No las acompaña, sin embargo, cuando bailan cada noche por el suelo frío del cuarto. Es eso lo que atesoran, celosas, mientras afuera sopla el viento.

 

Anuncios

5 thoughts on “Sobre las niñas buenas

  1. Cris, qué certero ese diagnóstico. Un goce leerte, por el disfrute de sentirse una retratada y la fuerza que da el retrato para seguir adelante.

    besos salvajes y agradecimientos infinitos

    Me gusta

  2. Que maravilloso es un NO ,cuando va disfrazado de un inquieto SI…que nos empuja a ser protagonistas de nuestra vida..Un placer leerte.(una admiradora Nigüeleña)

    Me gusta

    1. Pues SÍ, los noes son importantes a veces. Y luego estamos las y los que tenemos tendencia a llevar la contraria por puro vicio… 😉 Importante mantener el equilibrio. Gracias por la visita!

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s