A oscuras

r9Esa esquirla afilada arañando el reverso de la piel. La lucha fatal contra el destino de arena de todas las cosas. La necesidad de que algo se pare, cuando nada en la vida se detiene nunca. La urgencia de que vuelva el pasado, que jamás ha existido, o de que llegue el futuro, que no sabemos si vendrá ni sabemos de dónde procede. El deseo como una creencia ingenua de poder inscribir en piedra la flor del almendro, la rosa abierta, el aliento, la caricia, aquellas vacaciones. El apego a esa flor y a ese aliento, y el convencimiento de que nuestra dicha depende de ellos y de que por fin podremos descansar si sucede algo de lo que, creemos, ha de suceder.

El miedo a la muerte. El miedo.

El ansia de certezas a las que poder aferrarnos para no caer en un precipicio demasiado profundo, certezas que nos aseguren que habrá un final feliz para lo que nos atenaza. La codicia de guardar bajo llave las pocas fuentes de nuestra dicha, para poder mirarlas al resguardo de ojos ajenos, como si la dicha pudiera asegurarse o invocarse a nuestro antojo.

La búsqueda de un lugar donde quedarnos, cuando lo único cierto es que no sabemos hacia dónde caminamos, ni qué encuentros nos esperan por el camino, ni qué fuego iluminará nuestro humilde candil en lo profundo de la noche.

Nuestra vida deslizándose entre los dedos a cada segundo, sin garantías, como si nunca hubiera existido. ¿Fue verdad que viví frente a un bosque y un palacio, que amé a un hombre de ojos de océano? ¿Fue verdad que tomé tantos trenes, que caminé descalza sobre la hierba, que tuve dinero y luego lo gasté, y dañé y me dañaron? ¿Que tuve éxito, enemigos, noches en blanco? ¿Fue verdad que alguna vez me abrazaste como barco a la deriva, que me mirabas, que podías verme, que querías que me quedara? Dime, ¿es verdad que volverás a hacerlo?

 

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2 thoughts on “A oscuras

  1. Buenas Cristina,

    en cuanto a lo formal me parece un buen texto. Veo esa sutilidad y esa mesura en la potencia de imágenes que justo ayer comentábamos. Pero lo que más me gusta del aspecto formal, es el ritmo, por momentos parece que el texto palpita por sí sólo.

    En cuanto a la historia, imagino que alguna vez nos sentimos entre penumbras de manera inevitable, sentimos el miedo fluir por la piel y hasta parece que las sombras llevan escritas nuestro nombre. Sin embargo, creo que lo peor de la oscuridad es tener la tentación de refugiarse en ellas renunciando a encontrar un arrojo de luz, buscar permanentemente su refugio para justificar lo que no pudimos, lo que no podemos y abandonarse al que no podremos. Espero que no sea tu caso 😉

    ¡Un placer! ¡Nos leemos!

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  2. Soy lenta en responder, pero respondo. 😉 Una de las mejores cosas que tiene esto de escribir es que una puede ser todo lo siniestra, dramática o fatalista que se le antoje y salir indemne de la aventura. Es un poco como cambiar de disfraz sin dejar de ser quien se es… Creo que algún día haré un cálculo de cuánto me he ahorrado en terapias gracias a textos como este! 🙂
    Gracias por las palabras. ¡Seguimos!

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