Cosas que se dicen

Hay cosas que se dicen en voz bien alta con el mentón alzado de los vencedores. Cosas que se proclaman temblando de indignación o de ira porque la razón, ay, está de nuestro lado. Cosas que se gritan entre el gentío a plena luz del día siguiendo a una marea de voces desconocidas. Cosas que se proclaman con solemnidad en fechas marcadas en rojo en el calendario y que a casi nadie interesan. Y cosas que se cuchichean siempre a espaldas de otro, las cuales suelen interesar mucho más. Cosas que se aseveran sin un parpadeo. Cosas que parece mentira que tengan que ser dichas.

Hay cosas que se murmuran entre dientes, en una ventanilla o en la cola de un teatro. Cosas que se balbucean con las mejillas sonrojadas y una vacilación que inmediatamente las desautoriza. Hay cosas que se dicen como sin querer, mirando para otra parte, y dejan en quien las escucha heridas profundas que tardan mucho en cicatrizar. Cosas que se exponen con buenas dosis de espíritu pedagógico no siempre solicitado. Cosas que nadie oye y cosas que nadie entiende, y cosas que se exclaman con ligereza en mitad de una fiesta regada con champán y que luego nadie recuerda haber dicho. Cosas que desmienten otras cosas que se han dicho antes. Cosas que vuelven una y otra vez a decir lo mismo que ya se decía, y cosas que, una vez dichas, se quedan flotando en el aire como el eco de un moscardón; y esas, fatídicamente, siempre se rememoran.

Hay cosas que se mencionan por casualidad en un trayecto breve del metro y cosas que solo se admiten en la penumbra apagada de ciertos locales. Cosas que se discuten en la cocina cuando los niños ya duermen y cosas que necesitan ser confesadas en una estación de tren. Cosas, raras y magníficas como algunas aves, que piden un relato junto al fuego de la hoguera. Cosas que se dicen en la calle, si uno se atreve. Y cosas que solo pueden susurrarse en lo profundo de la madrugada con los labios encendidos de besos. Cosas que se recitan, que se advierten, que se declaman. Cosas que se cantan.

Pero hay cosas que se callan, que se quedan mordiendo el pecho y tienen la belleza terrible de una gacela enjaulada. Cosas que no se sabe de dónde llegan ni desde cuándo están; que no entienden de justificaciones ni de medidas. Que incomodan. Que asustan. Que pueden salvar.

Son esas, son esas, las que yo querría decir a quien quiera escucharme.

Porque son esas las que exige el amor.

Vivian Meier
Vivian Maier

2 respuestas a “Cosas que se dicen

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